18 C
Río Cuarto
14 agosto 2020
Otros deportes

Mujeres al frente. Cien años del Northlands .Quien escribe esto es María Gainza, autora de El nervio óptico

«Me acuerdo de mi clase de literatura: cinco adolescentes sentadas en una mesa redonda, el perfume de la glicina entrando por la ventana y la profesora hablando del uso de la luz y la sombra en Shakespeare. Lo que daría por volver a vivir esos días».

Quien escribe esto es María Gainza, autora de El nervio óptico (traducida a diez idiomas; «extraordinaria novela debut», para The Guardian) y Premio Sor Juana Inés de la Cruz de la Feria del Libro de Guadalajara por su último libro, La luz negra.

El comentario aparece en la página de exalumnos del colegio Northlands, que este año cumple cien años.

Cómo es estudiar en Northlands, el exclusivo colegio al que fue la reina Máxima de Holanda

Pero entre las cosas que la pandemia se llevó está la celebración por dicho centenario, que estaba programada para octubre. Para el encuentro, ON (Old Northlanders, como se llama a los exalumnos) de distintos puntos del planeta se iban a reunir en la tradicional sede de Olivos con su evocativa glicina, justamente para recordar, como Gainza, su paso por allí. También se iba a homenajear a la fundadora de la institución, Winifred M. Brightman, una criatura casi mitológica dentro del colegio y un dechado de «las grandes virtudes victorianas», según publicó The Buenos Aires Herald en su obituario de 1977.

«Me acuerdo de mi clase de literatura: cinco adolescentes sentadas en una mesa redonda, el perfume de la glicina entrando por la ventana y la profesora hablando del uso de la luz y la sombra en Shakespeare. Lo que daría por volver a vivir esos días».

Quien escribe esto es María Gainza, autora de El nervio óptico (traducida a diez idiomas; «extraordinaria novela debut», para The Guardian) y Premio Sor Juana Inés de la Cruz de la Feria del Libro de Guadalajara por su último libro, La luz negra.

El comentario aparece en la página de exalumnos del colegio Northlands, que este año cumple cien años.

Cómo es estudiar en Northlands, el exclusivo colegio al que fue la reina Máxima de Holanda

Pero entre las cosas que la pandemia se llevó está la celebración por dicho centenario, que estaba programada para octubre. Para el encuentro, ON (Old Northlanders, como se llama a los exalumnos) de distintos puntos del planeta se iban a reunir en la tradicional sede de Olivos con su evocativa glicina, justamente para recordar, como Gainza, su paso por allí. También se iba a homenajear a la fundadora de la institución, Winifred M. Brightman, una criatura casi mitológica dentro del colegio y un dechado de «las grandes virtudes victorianas», según publicó The Buenos Aires Herald en su obituario de 1977.

Ver fotos

El encuentro quedó, en principio, para el año próximo. Pero la iniciativa original sirvió para que distintas ON se pusieran a trabajar sobre la historia del colegio. Se juntaron desde viejos uniformes hasta fotos y testimonios para armar un archivo y un libro conmemorativo de una institución, no solo de excelencia académica, sino también de avanzada en el empoderamiento de las mujeres en la Argentina.

LA NACION revista tuvo acceso a todo el material sobre el colegio, que arranca con su fundación, en 1920, por dos visionarias inglesas, Brightman y su socia por unos años, Mildred I. Slater. El colegio abrió sus puertas con 16 alumnos (11 mujeres y cinco varones) y en poco tiempo desarrolló una sólida reputación. Tres años más tarde, y hasta 2000, dejó de recibir varones.

Winifred Brightman tuvo a su cargo la conducción del colegio durante 40 años, hasta 1961, cuando se jubiló y donó la institución, que quedó armada como una ONG manejada por una comisión directiva ad honorem. Miss B, como se la conocía puertas adentro, era de una extraordinaria erudición y fue condecorada por una jovencísima reina Isabel II por sus servicios a la educación. Lucille Koppany, graduada en 1959 (o bien ON 59, como se autodenominan en las camadas) cuenta que estaba en una clase sobre El rey Lear dictada por otra profesora cuando entró Miss B con Rexy, el perro salchicha que siempre andaba pegado a sus talones. Brightman apuntó a Koppany con su bastón y le preguntó por qué parte del libro iban. «Yo dije ‘Acto II Escena I’ y ella empezó a recitar todas las partes sin jamás mirar el texto», escribió Koppany, impresionada, en la compilación de memorias de la institución.

Ver fotos

Pero, sobre todo, a Miss B se la recuerda por su sentido de justicia y su humanidad. En palabras de The Buenos Aires Herald, «era un faro que iluminaba cómo uno debe entender la vida» y alguien que «detrás de su fachada severa escondía gran un sentido del humor y un corazón de oro».

Gillian Hartley, ON 56, es una de los tantos que está de acuerdo. «En la década del 50, mi hermana y yo fuimos aceptadas en el Northlands bajo circunstancias especiales -escribió-. Especiales porque solo hablábamos holandés, pero Miss Brightman sabía de nuestro pasado, y qué habíamos estado en un campo de concentración en Indonesia durante la Segunda Guerra».

Indonesia -las Indias Orientales Holandesas entonces- era una colonia de los Países Bajos, y cuando los nazis ocuparon Holanda, su aliado Japón entró allí e instauraron campos de concentración. «Estas chicas ya han sufrido lo suficiente y es el momento de tenderles una mano», recordó Hartley que dijo la directora. «Nos tomó bajo su ala y ¡cómo sentimos su protección! Cada día -subrayó-, después de clase, venía a buscarnos para practicar inglés, nos hacía leer David Copperfield y nos corregía la pronunciación. Le podría haber pedido a cualquier maestra, pero lo hacía personalmente. Gracias, Miss B, por haber sido una luz en mi vida».

Ver fotos

A veces, la ayuda venía simplemente por temas personales, pero que muestran una actitud muy abierta para la época. Diana Murray (ON 64) fue pupila en el Northlands, modalidad que existió hasta 1977, y recuerda que, unos meses antes de retirarse, Miss B la mandó llamar a la oficina. «Yo nunca había tenido mayor contacto con ella salvo por la mirada perforadora y las breves palabras que nos dirigía a las pupilas cuando firmaba nuestro boletín. Mi mente empezó a girar en torno a todo lo que yo podría haber hecho mal. Pero, para mi sorpresa, me preguntó por mi madre y mi tía, que habían sido tan tímidas en el colegio, y sobre cómo estaba yo llevando el divorcio de mis padres. Me dijo que sus propios padres se habían separado, y que sabía cuán difícil podía ser. No me acuerdo de mucho más de ese encuentro, excepto de cómo quedé marcada por su calidez y cariño».

Vocación de servicio

Siguiendo la tradición británica, entre 1936 y 1937, Miss B dividió al alumnado en cuatro grupos para fomentar el fair play y el espíritu de equipo en el deporte, que luego se extendió a las competencias de cultura general, matemática, creatividad, acción social, teatro y música.

Miss B eligió para los grupos los nombres de cuatro mujeres que alcanzaron grandes logros siguiendo su vocación de servicio, aunque significara atravesar momentos durísimos o incluso dar la vida. Se trata de las grandes enfermeras Edith Cavell y Florence Nightingale, la reformadora de las cárceles Elizabeth Fry y Helen Keller, la primera persona sorda y ciega que se graduó de la universidad (Radcliffe College de la Universidad de Harvard) y fue escritora, sufragista y activista social.

Ver fotos

Cavell, Fry, Nightingale y Keller no fueron elegidas solo por su género, sino porque representaban la importancia del servicio frente a la injusticia. Las houses no se cambiaron cuando el colegio se hizo mixto, ni se agregaron otras con nombres de hombres. Para esta redactora, (ON 91 y con familia en el Northlands desde la década del 30) fue un orgullo que, en un breve paso por el colegio, su hijo haya llevado los colores de Nightingale en algo tan impensable antes como un partido de rugby.

Pero mucho tiempo antes, cuando el tema de las houses recién arrancaba, las alumnas escribieron una carta en braille para contarle a Keller, que era contemporánea de Brightman, que el colegio había bautizado a una house en su honor.

La respuesta fue inmediata. Además de decir lo honrada que estaba y declararse «sinceramente su amiga», en la misiva, Keller subrayó: «Hay un toque inusual en su mensaje: no se refieren a mis limitaciones. Simplemente me ofrecen su amor, que es el mayor cumplido que los seres humanos pueden hacerse el uno al otro».

En este espíritu, fue ejemplar el trabajo de Mary Ingouville Burton (ON 56), quien, tras terminar el colegio, se mudó a Sudáfrica y se convirtió en tal luchadora contra el apartheid que cuando Nelson Mandela fue electo, ella fue una de los 17 miembros que nombró para su Comisión para la Verdad y la Reconciliación.

Ver fotos

Otra de las grandes herencias de Miss B para el colegio fue el lema Amistad y servicio. Una carta de Máxima Zorreguieta (ON 88) dice cómo esto la marcó: «Hoy, 30 años después, no solo cuento con las amigas más leales, interesantes, divertidas y discretas de mi paso por el Northlands, sino que también le encuentro sentido a entablar nuevas amistades donde quiera que la vida me lleve. En cuanto al servicio, se ha convertido en el eje de mi vida», subraya la reina de los Países Bajos.

Durante la pandemia, el Northlands no solo fue uno de los pioneros en la educación a distancia, sino que hubo sinnúmero de iniciativas para ayudar a los demás. Por solo mencionar a quienes esta redactora tiene acceso cotidiano, una compañera de camada, Eloísa Collardin (ON 91) y sus vecinos y amigos armaron Convidarte, una iniciativa que invita a las familias que pueden hacerlo a cocinar de más para que una red de voluntarios busque esas viandas caseras calientes y las lleven a los comedores donde más se necesitan. Convidarte ya fue destacado por las Naciones Unidas y alimenta a miles de personas por día. Por su parte, Belén Llambí (ON 95) con un pequeño equipo se dedicaron a contactar hospitales para ver qué material de protección específica necesitaban, conseguir donantes, productores y entregarlos con enorme velocidad y sin intermediarios.

Ver fotos

En una clave más personal, en agosto último, de visita en la Argentina, el marido de esta redactora (que junto con su familia vive desde hace muchos años en EE.UU.) tuvo un accidente que lo dejó en coma y con pronóstico muy reservado. Los chicos no solo fueron inmediatamente aceptados en el Northlands en la mitad del año lectivo, sino que una madre de la clase ya los esperaba con los uniformes, otra con el equipo de gimnasia y el palo de hockey, una ON les trajo todo lo necesario para que se fueran de campamento con la clase, otra lo de natación… A los chicos los invitaron a todos los cumpleaños y alguien mágicamente siempre los llevaba y traía, y algún otro se ocupaba de los regalos. Las maestras hasta los motivaron para que tuvieran resultados académicos y deportivos muy buenos y fueron genuinamente felices a pesar de que nunca habían ido a una escuela que no fuera en Nueva York, que no sabían leer ni escribir en castellano, y que su vida se estaba dando vuelta.

Luego vino una recuperación casi milagrosa y un regreso a la vida en Estados Unidos, pero esos meses en el Northlands mostraron que lo de la amistad y servicio era mucho más que palabras. Ojalá que persista, por lo menos, cien años más

Te puede interesar