Una ruta que la gimnasta panameña de 18 años cruza a pasos agigantados y con una sonrisa que parece nunca desaparecer, ni siquiera en los momentos de adversidad.
Vestida con un uniforme negro con retazos azules, la joven deportista celebró a rabiar y con lágrimas el oro que consiguió en la prueba individual de la gimnasia artística de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, disputada en el Polideportivo de Ciudad Merliot.
Allí abrazó a su compatriota Hillary Heron, quien ganó el bronce en la competencia y es su compañera, su confidente y la persona con la que ha crecido desde que se inició, cuando niña, en el mundo de la gimnasia.
«Lo que sentí en el momento fue (la necesidad de) abrazar a mi compañera, abrazar a mis entrenadores. Nos tiramos al piso y empezamos a llorar de la alegría, en verdad no lo creemos, hoy en día no creemos que hemos ganado medallas para Panamá, un oro y un bronce», dice a EFE Navas, incapaz de ocultar la alegría que la embarga.
Y es que su carrera viene tomando un impulso muy grande desde que el año pasado se colgó la presea dorada de la prueba de salto en el Campeonato Panamericano de Gimnasia, disputado en Río de Janeiro y que la puso en el radar regional.
«Hemos tenido desde el Panamericano, que tuve la medalla de oro, un proceso muy largo de entrenamientos. Tuve lesiones, tuve bajones, pero eso nada me detuvo a seguir adelante, entrenar más duro, porque venía a la meta de los Juegos Centroamericanos a buscar la medalla de oro», cuenta y ratifica que el camino al éxito nunca es fácil.